EL KARMA SEXUAL

Gran parte del karma (la ley de causa y efecto) se produce como consecuencia de las experiencias sexuales. Las diferentes partes del cuerpo físico recuerdan cada experiencia e introducen muchos recuerdos inconscientes del pasado en las nuevas experiencias. Los efectos acumulados de las diversas experiencias sexuales de vidas pasadas actúan como la causa del modo en que el individuo puede reaccionar al sexo en la vida presente. Aunque a primera vista parezca algo simplemente académico, sus implicaciones son bastante profundas desde la perspectiva psicológica.

Es posible que muchas personas confundan inconscientemente las acciones sexuales presentes con recuerdos ocultos de experiencias pasadas. Mientras esto suceda, el individuo aprenderá lecciones sexuales en cuanto al modo en que puede relacionarse verdadera y sinceramente con otra persona.

Existen muchos niveles de sexo, que van desde las experiencias más crudas, que tan sólo implican lujuria o enajenación, hasta las formas más elevadas, que simbolizan la esencia pura del amor divino a través de la expresión humana. A lo largo de diferentes vidas o diferentes experiencias en esta vida, las personas pueden aprender gradualmente a alcanzar la plenitud sexual, al descartar lentamente la mera atracción magnética hacia el sexo y dejar espacio para las formas más elevadas del amor sexual. En los niveles inferiores del karma sexual el individuo puede retener creencias pasadas que configuren la estructura de su identidad. Es posible que el acto sexual no tenga en cuenta el hecho de compartir o preocuparse por las necesidades ulteriores de la otra persona. Tal vez el sexo parezca estar separado del amor. Si un individuo no comprende que el sexo no es una competición o una lucha por el amor, carecerá por lo general de las cualidades eufóricas del amor, presentes en los niveles superiores.

En un nivel algo más elevado de la conciencia sexual, empieza a manifestarse la percepción de que el acto sexual puede provocar ciertos sentimientos tanto en uno mismo como en la pareja, sentimientos que tienen un efecto duradero sobre el futuro de la relación. En este punto, las personas empiezan a ser conscientes de las implicaciones kármicas. El sexo es una forma dc comunicación. A menudo es el factor que abre las puertas entre personas que, de otro modo, permanecerían aisladas. Se establece un vínculo que influirá para siempre en los sentimientos que uno albergue acerca del otro.

En los niveles más elevados de la experiencia sexual, el individuo percibe la presencia del amor cósmico. Ha trascendido los límites del yo inferior. Las personas, los lugares, el tiempo y el espacio pasan a formar parte de una mente universal que lo rige todo. En este nivel, tiene lugar la mezcla de dos individuos.
La finalidad del sexo no es tan sólo la gratificación física, ni la satisfacción emocional, ni siquiera la comprensión mental. Es la unificación de dos almas, fundiéndose en una unidad cósmica, que es su legado divino.

El sexo es una experiencia de diversas facetas, y el amor que se expresa de forma física no sólo sirve para aprender a relacionarse íntimamente con otra persona, sino también para recrear el acto simbólico divino de la creación
El karma sexual se compone de muchos hilos intrincados, parecidos a los que se entretejen en un tapiz, que avanzan lentamente hacia la conclusión. Cualquiera que sea nuestro nivel sexual, atraemos automáticamente a dos tipos de personas. Uno de ellos representa a nuestros maestros sexuales, mientras que el otro simboliza a nuestros discípulos sexuales. Podemos ver dónde hemos estado y hacia dónde nos dirigimos en cada momento. A menudo nos sentimos más cómodos con personas cuya evolución sexual pertenezca a nuestro pasado, y permaneceremos en nuestro pasado mientras vibremos en ese nivel. Tal vez no nos sintamos cómodos con personas cuya evolución sexual simbolice todo aquello hacia lo que nos dirigimos. Si estamos dispuestos a aprender algo "superior", no cabe duda de que haremos muchos progresos kármicos, no sólo en lo que se refiere al sexo, sino también hacia una comprensión más profunda de nuestro ser y el lugar que ocupamos en el mundo.

El sexo abre los centros de sensibilidad del cuerpo. Por ello, las conversaciones que se sostienen justo después de las experiencias sexuales son extremadamente profundas, y a menudo llegan incluso al núcleo del inconsciente. Se trata de una experiencia positiva, porque de este modo alcanzamos percepciones muy profundas. Sin embargo, una dieta constante con exceso de sexo puede tornarnos demasiado sensibles al mundo exterior. La cantidad de experiencia sexual que vivimos en cada momento debe ser proporcional a lo que podemos asimilar en términos de conciencia que nos ayude a madurar. Y el sexo sin conciencia es inútil y está kármicamente estancado.

Es importante que cada uno de nosotros se esfuerce por desarrollar su nivel sexual, ya que de este modo ayudaremos a crear una cultura más humana en la que vivir. Del mismo modo que los individuos aprenden a alcanzar la plenitud, también lo hace el mundo como un todo. A menudo pensamos en el karma sexual en relación con el modo en que actúa el individuo. También existe karma en la inacción. La energía sexual es muy sutil y se desplaza rápidamente a través del cuerpo. La energía mental es más tosca, y su movimiento más lento permite a las personas pensar con claridad. Cuando un individuo siente la necesidad fisiológica de liberar energía sexual, y la inhibe por cualquier razón psicológica. es posible que la energía sexual se desborde y pase a los centros mentales. Esto provoca irritación, pensamientos confusos, enojo, ideas retorcidas y una gran cantidad de reflexiones irracionales. Es importante que el individuo conozca sus necesidades sexuales, a fin de poder mantener el equilibrio entre las energías sexuales y otras energías vitales.

Cuando una pequeña cantidad de energía sexual fluye incontenible hacia los centros mentales, genera esperanza, estimula los procesos mentales y da al individuo el incentivo necesario para hacer cosas de las que no se habría creído capaz. Cuando por el cuerpo no fluye prácticamente energía sexual alguna, el ser se ve invadido por una sensación generalizada de letargo, lo que puede desembocar en la pereza y la depresión. Es un placer estar con personas sexualmente equilibradas, pues por lo general son felices, parecen vivir con los pies bien firmes sobre la tierra, y son capaces de contribuir a la sociedad. Las personas que no equilibran la energía sexual van por el mundo con sentimientos de culpabilidad, temores, tensiones, dolores corporales; son, en suma, una carga para sus familiares, para sus amigos y para la sociedad.

La orientación de la vida de una persona viene determinada por el nivel de energía sexual en el que vibra, y por el modo en que la maneja. Con el tiempo descubrimos que, en lugar de ser una de las partes más infames de la vida, el sexo es, en realidad, la más natural; y el equilibrio capaz de integrar el yo inferior con el superior.